Por una parte a los hombres les inculcaban valores como esfuerzo en el trabajo, el ser severos y duros, insensibles... “nos decían: ¡ los chicos nunca lloran!”. En cambio a las chicas como buenas amas de casa tenían que ser hacendosas; “ en la escuela nos enseñaban a coser y sobretodo a bordar”.

A demás las posibilidades de continuar los estudios eran superiores las de los chicos que las chicas: “ no teníamos mucho dinero para gastarlo en seguir estudiando, eso sí, antes dejaban que se fuera el chico a estudiar a fuera que a la chica”.